Riesgos invisibles del ACV cuando el daño comienza en silencio

Durante muchos años se pensó que el Ataque Cerebrovascular (ACV) era una condición exclusiva de personas mayores con hipertensión, diabetes o colesterol elevado. Sin embargo, la evidencia actual muestra un panorama diferente.
Hoy, el ACV aparece cada vez con mayor frecuencia en adultos jóvenes, afecta a mujeres en etapas tempranas de la vida e incluso se presenta en niños y adolescentes. Este cambio responde a una combinación de nuevos factores de riesgo, estilos de vida modernos y condiciones que tradicionalmente no se asociaban con la enfermedad cerebrovascular.
Comprender esta nueva realidad es clave para la prevención y el reconocimiento oportuno del ACV.
1. El ACV está ocurriendo a edades más tempranas
En la actualidad, una proporción significativa de los accidentes cerebrovasculares ocurre en personas menores de 55 años1. Este fenómeno representa un desafío adicional, ya que muchas de estas personas no se consideran en riesgo y no cuentan con diagnósticos previos de enfermedades cardiovasculares.
El impacto del ACV en edades tempranas no solo es médico, sino también social y económico, al afectar población en edad productiva y generar secuelas a largo plazo2.
2. ACV y sexo femenino: un riesgo subestimado
El riesgo de ACV en mujeres jóvenes ha sido históricamente subestimado3. Factores propios del sexo femenino pueden aumentar la probabilidad de sufrir un evento cerebrovascular, especialmente cuando se combinan entre sí.
El uso de anticonceptivos hormonales, en particular aquellos que contienen estrógenos, se ha asociado con un mayor riesgo de ACV isquémico. Este riesgo aumenta de forma significativa cuando se combina con otros factores como el tabaquismo o la presencia de migraña con aura4. Además, etapas como el embarazo y el período posparto representan momentos de mayor vulnerabilidad, debido a cambios hormonales y del sistema de coagulación que pueden favorecer la aparición de eventos cerebrovasculares.
3. Niños y adolescentes también pueden sufrir ACV
Aunque es menos frecuente, el ACV también ocurre en la población pediátrica. En niños y adolescentes, las causas suelen ser diferentes a las del adulto y pueden incluir condiciones cardíacas congénitas, trastornos genéticos, infecciones, traumatismos o alteraciones de la coagulación.
El desconocimiento de esta realidad puede retrasar el diagnóstico, ya que los síntomas no siempre se interpretan como un ACV en estas edades. El reconocimiento temprano es fundamental para reducir las secuelas neurológicas.
4. Factores de riesgo modernos y estilos de vida5
Además de los factores clásicos, existen riesgos cada vez más presentes en la vida cotidiana que contribuyen al desarrollo de ACV en personas jóvenes:
1. Tabaquismo: Fumar daña progresivamente los vasos sanguíneos, favorece la formación de placas y aumenta el riesgo de obstrucciones cerebrales. En mujeres que utilizan anticonceptivos hormonales, el riesgo se incrementa aún más.
2. Consumo elevado de alcohol: El consumo frecuente o excesivo de alcohol puede elevar la presión arterial, alterar el ritmo cardíaco y aumentar la probabilidad de formación de coágulos, incluso en personas sin enfermedades previas.
3. Trastornos del sueño:
Dormir mal, padecer insomnio o apnea del sueño afecta la oxigenación cerebral y el sistema cardiovascular, y se ha asociado con mayor riesgo de arritmias y eventos cerebrovasculares.
5. Cuando la prevención se hace mal: el ejercicio sin guía
La actividad física es una herramienta fundamental para la prevención del ACV. Sin embargo, cuando se realiza sin evaluación médica, sin acompañamiento profesional o con rutinas de alta intensidad en personas sedentarias, puede convertirse en un factor de riesgo. El sobreesfuerzo físico, especialmente en personas con condiciones no diagnosticadas, puede desencadenar alteraciones cardiovasculares que aumentan el riesgo de un evento cerebrovascular. Por ello, el ejercicio debe ser progresivo, guiado y adaptado a cada persona.
6. Factores clásicos y falsa sensación de seguridad
La hipertensión arterial, la diabetes y el colesterol elevado siguen siendo factores de riesgo importantes. El problema surge cuando se asume que, al no padecerlos, el riesgo de ACV es inexistente.
La evidencia demuestra que el ACV puede afectar a personas sin diagnósticos previos6, cuando existen otros factores no identificados a tiempo o combinaciones de riesgos que pasan desapercibidas.
7. ¿Se puede reducir el riesgo de un ACV?
Sí. La prevención del ACV requiere una visión integral que incluya:
➣ Controles médicos periódicos, incluso en personas jóvenes.
➣ Evaluación individual del riesgo cardiovascular.
➣ Actividad física guiada y adaptada.
➣ Abandono del consumo de tabaco.
➣ Moderación en el consumo de alcohol.
➣ Atención a la calidad del sueño y al bienestar general.
8. La importancia de la atención especializada
Comprender que el ACV ha cambiado es el primer paso para prevenirlo. El segundo es reconocer sus síntomas y saber dónde acudir.
La atención en centros especializados, con equipos entrenados y protocolos establecidos, mejora significativamente las probabilidades de recuperación y reduce las secuelas neurológicas.
RECAVAR trabaja para fortalecer la red de atención especializada en ACV en Colombia, promoviendo la prevención basada en evidencia, el reconocimiento oportuno y el acceso adecuado a servicios médicos.
Referencias:
- Olsson R. Por qué nunca eres demasiado joven para tener un derrame cerebral. Banner Health Healthcare Blog [Internet]. 2021 May 18 [citado 2026 ene 23]. Disponible en:
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https://www.nucleodoconhecimento.com.br/salud/accidente-vascular-cerebral - Instituto Neurológico. ACV en mujeres jóvenes: un llamado que no podemos ignorar [Internet]. HIC FCV; 20 Oct 2025 [citado 2026 Ene 23]. Disponible en:
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